Abuelita rechazó 20 millones de pesos y obliga a centro comercial a rodear su casa
Así como hay historias que nos causan gran tristeza o preocupación expuestas en las redes sociales, también existen, por fortuna, historias con finales felices que nos llenan de amor, alegría y ternura. Este es el caso de una propietaria que se vio presionada a vender la casa donde vivía para que una inmobiliaria pudiese construir un gran complejo de edificios en la zona.
Pero lejos a lo que pudiésemos pensar sobre el curso de esta historia, la cual generalmente en las películas termina por obligar a los propietarios a desalojar sus viviendas y vender sus propiedades para reubicarse en otro lugar, esta abuelita demostró que su genuino amor por su casa y sobre todo por los recuerdos que atesoraba en esta, le darían la fortaleza suficiente para poder permanecer en su hogar.
Edith Macefield vivió con su madre en una casita de Seattle adquirida en 1953 por 70 mil pesos. Su madre Alice trabajaba cerca en una tienda, juntas fueron creando memorias en aquella casita y por eso, cuando una inmobiliaria comenzó a comprar las viviendas de la zona, Edith se negó a vender la suya.

La mujer rechazó 15 millones de pesos y continuó viviendo en el lugar, hasta que fue la única casa que faltaba por venderse. En una segunda oferta la inmobiliaria elevó la oferta a 20 millones de pesos pero fue en vano, la señora Edith nuevamente rechazó la oportunidad y fue entonces cuando el complejo siguió construyéndose alrededor de aquella casita que seguía en pie al menos hasta el 2006 cuando se viralizó la historia que ahora, nuevamente se está difundiendo en internet.
Quizás también te interese leer: No Hay Padres Perfectos Pero Sí Puede Haber Niños Felices
Lo cierto es que, se supo que el dueño de la inmobiliaria no solo decidió respetar la decisión de Edith sino que también mantuvo una relación cordial con la anciana a quien visitaba e incluso, llevaba al médico para el cuidado de su salud.
¡Sin duda una inspiradora historia que sirve como ejemplo de tolerancia, respeto y amor!