Una triste noticia enlutó al cine mexicano, pues uno de sus grandes directores, quien fuera incluso premiado en festivales nacionales e internacionales, tuvo un trágico final. Gregorio Rocha, contaba con 65 años y pese a que dejó un acervo importante dentro del cine mexicano, tenía que trabajar como repartidor de comida para una aplicación a fin de obtener el sustento diario.
Fue precisamente realizando entregas cuando este pasado jueves la moto donde se trasladaba impactó con un automóvil en plena autopista al sur de la Ciudad de México, según fuentes oficiales.
La triste noticia ha hecho que algunos colegas y amigos del medio den su opinión en cuanto a la precaria condición de vida en la que algunos grandes artistas deben vivir, aun cuando hayan contribuido notablemente a la industria, cinematográfica en este caso.
Así por ejemplo, Sergio Huidobro tallerista y crítico de cine señaló en su twitter que el cineasta había muerto en un trabajo honesto pero indigno al ser un profesional que dejaba un archivo fílmico importante.
Y es que, Gregorio Rocha fue galardonado por varios de sus trabajos. Entre ellos, el mediometraje documental “Los rollos de Pancho Villa” dado a conocer en el 2003. Este excelente material recibió premiaciones en Estados Unidos y España. De igual forma, obtuvo el premio del público en el Festival Internacional del Cine de Morelia.
Lamentamos el fallecimiento de Gregorio Rocha, documentalista, autor de ‘Los rollos perdidos de Pancho Villa’ y ‘ACME & Company’.
— IMCINE (@imcine) May 12, 2022
Gran coleccionista de historias y de aparatos cinematográficos, deja un acervo de singular valor. pic.twitter.com/zQwny60lPk
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El fallecimiento de Gregorio en las condiciones en las que se suscitó ha causado molestia tanto en colegas del cine como en quienes igualmente llevan a cabo la labor de repartidores. Los primeros, como en el caso de José Antonio Cordero cineasta y productor, señalan que es indigno morir como repartidor siendo un gran cineasta solo por culpa del desempleo, lo cual atribuye a las políticas de secretaría de la Cultura.
Mientras que, los repartidores por su parte, también exigen que los reconozcan como trabajadores formales y puedan gozar de beneficios dignos que los amparen ante todos los riesgos a los que se exponen.